28 de noviembre de 2009

Esto no es una pipa


Por nuestra parte, diferenciamos, de un lado, la esquizofrenia como proceso y, de otro, la producción del esquizofrénico como entidad clínica apropiada al hospital: ambos están en proporción inversa. El esquizofrénico del hospital es alguien que ha intentado algo y ha fracasado, que se ha derrumbado. No decimos que el revolucionario sea esquizofrénico.

Decimos que hay un proceso esquizofrénico de descodificación y desterritorialización cuya conversión en producción de esquizofrenia clínica sólo puede ser evitada por la actividad revolucionaria.

Paranoia capitalista y esquizofrenia revolucionaria, por así decirlo, pero no en el sentido psiquiátrico de estos términos sino, al contrario, a partir de sus determinaciones sociales y políticas, de las que sólo bajo ciertas condiciones se deriva su aplicación psiquiátrica. El esquizoanálisis tiene un solo objetivo, que la máquina revolucionaria, la máquina artística y la máquina analítica se conviertan en piezas y engranajes unas de otras.

Esto es lo que nos interesa: la esquizia revolucionaria por contraposición al significante despótico.

DELEUZE, G. Conversaciones

21 de noviembre de 2009

Nómades y sedentarios


Caín y Abel
Por Sandra Russo.

Se comenta por ahí que Abel era nómade y Caín, sedentario. Y hay hasta quien dice que la historia de la humanidad puede leerse en función de la oposición, el rechazo, la necesidad de expulsión que sienten los sedentarios por los nómades.

Abel era pastor y Caín, labrador. Uno deambulaba junto a su rebaño de acuerdo con el clima y con el estado de la tierra. No estaba atado a un lugar sino a un estado de cosas: iba tras él, en un continuo microclima que creaba su propio desplazamiento. El otro echaba raíces, se definía a sí mismo como parte de un solo paisaje, le ponía nombre a su lugar de origen, creaba una bandera, componía un himno, y reglamentaba las condiciones en las que los extranjeros podían atravesar su territorio.

El primer crimen de la historia occidental permitió corporizar ese duelo simbólico entre los que migran y los que se afincan. Es que, si se lo piensa un poco, son dos maneras radicalmente opuestas de estar en el mundo.

En El rey de los alisos, Michel Tournier sugiere que “la querella entre Caín y Abel prosigue generación tras generación, desde el principio de los tiempos hasta nuestros días, como la atávica oposición entre nómades y sedentarios o, más exactamente, como la encarnizada persecución de que son víctimas los nómades por parte de los sedentarios”. Tournier dice que un ejemplo, un remedo desdibujado pero descendiente de aquella lucha, son los carteles que rezan, al lado de cada entrada a los pueblos, “prohibido acampar”.

Se prohíbe, según ese cartel, establecer un campamento, un estilo de vida precario en el que es imposible aplicar el concepto de propiedad privada, toda vez que la propiedad privada es un invento de los sedentarios. El nómade no tiene nada porque no le interesa apropiarse de la tierra ni llenarla con objetos de valor. El nómade no es dueño de nada. Cuanto menos tenga, más fácil será su traslado hacia otro lugar cuando el clima cambie. Mientras el nómade traza sus propios valores en virtud de su modo de vida, y se distrae viajando, el sedentario se distrae primero declarándole la guerra al nómade y más tarde haciendo leyes para perseguir las inmigraciones ilegales.

Caín, por su crimen, fue condenado por su Padre a vivir el destino de su hermano. “Ahora –dijo el Eterno– serás maldito en la tierra que abrió la boca para recibir la sangre de tu hermano. Cuando la cultives ya no dará sus frutos, y andarás por ella errante y fugitivo.” Un castigo, se ve, de múltiples lecturas psicológicas, políticas, antropológicas. Un primer daño al medio ambiente causado por Dios en persona, no sólo para advertirle al ser humano que no se debe matar, y mucho menos al hermano, sino además para inaugurar oficialmente la necesidad de huir. Cuando la tierra no dé más frutos, Caín deberá abandonarla si quiere sobrevivir. Esa insistencia divina en la existencia de nómades nos dice, seguramente, que los nómades son inevitables.

A partir de estas reflexiones, dos propuestas para pensar en esto.

La primera, que la lucha entre nómades y sedentarios se puede observar perfectamente hoy, tanto en la xenofobia europea como en el muro entre Estados Unidos y México, como en la explotación, en los países periféricos, de los trabajadores golondrina o los esclavos textiles. Los sedentarios sólo dan a los nómades el permiso de paso cuando pueden usarlos o bien para hacer rendir los frutos de la tierra, o bien para acumular más propiedad privada.

La segunda, la posibilidad de que en cada uno de nosotros esas dos partes estén presentes. Un yo nómade y un yo sedentario en constante puja y persecución. Un impulso hacia el traslado y un impulso hacia la raíz. ¿Cómo resolver en cada espíritu esa ecuación entre dos necesidades tan vitales? Lo retentivo y lo expulsivo pueden leerse en esta clave. Se pueden adivinar también, en esa misma escena, millones de fracasos afectivos entre quienes intentan vivir bajo contratos fijos, estables y rígidos, tan tranquilizadores como alienados, y quienes son nómades en sus sentimientos, y se trasladan de amorío en amorío buscando un clima que les guste. En todo caso, la idea ilumina una tensión de la que todos sabemos, por la que todos hemos pasado y seguiremos pasando.

En El rey de los alisos la lucha no se describe con distancia ni ánimo contemporizador. El autor toma partido decidido y de alguna manera insinúa lo ilusorio de esa lucha. No se puede no ser nómade.

Con prosa arrasadora, Tournier susurra y vaticina una lluvia de fuego sobre los sedentarios, “que serán arrojados en confuso montón a los caminos, y huirán enloquecidos de sus ciudades malditas y de la tierra que se niega a alimentarlos. Y yo, Abel, el único sonriente y saciado, desplegaré las grandes alas que escondo bajo la ropa de mecánico, golpearé con el pie los cráneos ennegrecidos, y alzaré vuelo hacia las estrellas”.

Al texto lo saqué de aquí, la página de esta excelente periodista y escritora.

12 de noviembre de 2009

Tinta mágica


"El acontecer que rodea al historiador, y del que participa, quedará en el fondo de su exposición como un texto escrito con tinta mágica. "
WALTER BENJAMIN

9 de noviembre de 2009

Irrelevant


Había, por cierto, en el papel, un blanco. El principio era el caos: no en sentido temporal, sino en tanto método. Escucho: sobre y de Cage, una definición de las atribuciones del "ritmo": algo no organizado, no repetitivo. Algo que sucede, inesperado, "irrelevant". Se trata de vivir conforme a Kairós, escucho decir, o creo: y apunto, obediente. Entonces vuelvo: el principio era el caos, un silencio y aún, por ello mismo, un pleno de expectación.
No un blanco puro pues sino en grado cero su consecuente finitud, que grita, demasiado, su demanda de organización. Asi como la desnudez revela menos que el atuendo; o el rostro menos que la máscara. Así, el silencio atruena en sus posibilidades.
Y antes del signo, la mancha, la incisión, el trazo, el lugar pregnante de lo informe. Bacon creaba desde la mancha hacia un devenir figura que resultaba ser una (otra) mancha. En rigor de verdad: una de-formidad.
Kairós en la encrucijada de cuerpos que chocan. No hay poiesis sin caos. Ni política: finalmente, fuera de Kairós.

4 de noviembre de 2009

2 de noviembre de 2009

Inmigrantes y nativos de Internet


Entrevista a Alejandro Piscitelli, filósofo especializado en nuevos medios

"Hay un desprecio ante el mundo digital"

El filósofo sostiene que algunos sectores asocian lo digital con el entretenimiento y la liviandad. Además, asegura que Facebook logró que muchas personas entraran a Internet.
Patricia Cravero
De nuestra Redacción
pcravero@lavozdelinterior.com.ar

Alejandro Piscitelli es una voz esencial en los estudios de cibercultura. Como investigador y docente ha analizado a fondo los cambios que las nuevas tecnologías imprimen en el modo de pensar, producir y difundir prácticas culturales. En su último libro, Nativos digitales, el filósofo centra su interés en aquella generación nacida entre 1985 y 1990, que creció rodeada y familiarizada con las nuevas tecnologías. Son los chicos que sin instrucciones de uso ni recetas prefabricadas hicieron de Internet, la computadora y los celulares un ámbito natural donde moverse y relacionarse. Antes de su visita a Córdoba, para participar de las Primeras Jornadas Nacionales de Civilización Digital, que tendrán lugar el próximo viernes y sábado, Piscitelli dialogó con La Voz del Interior sobre su nuevo libro, la explosión de las redes sociales y la alfabetización digital.

–¿Cuál es la principal brecha que distancia a los nativos digitales de los inmigrantes digitales?
–Hablar de nativos e inmigrantes, si uno lo plantea así, suena dualista. Por eso hay que hablar de más categorías. Nativo no es simplemente el que nació después de 1985 ó 1990, ni inmigrante el que nació antes. La distinción tiene que ver no sólo con la demografía, sino también con una apropiación efectiva de la tecnología. Algunos nativos por cuestiones socioeconómicas no acceden a la tecnología, son excluidos digitales. En el otro extremo, hay inmigrantes que no tienen acceso a la tecnología y otros que lo tienen, pero se resisten a ella.
–Pareciera que esa brecha es diferente y más honda que la típica diferencia generacional entre padres e hijos…
–Esta es una brecha alfabeto-generacional, que tiene que ver con conceptos. Es preciso tener en cuenta que el acceso a la tecnología está relacionado con un elemento socioeconómico y con una cuestión de actitud, que está bastante mezclada con el tema generacional. No sólo hay resistencia y dificultad de acceso, también hay un desprecio ante el mundo digital. Se lo iguala con el entretenimiento, el ocio, la liviandad. Estas críticas por lo general son de cierta elite, de gente apoltronada en el mundo del libro, que está convencida de que los chicos no tienen interés en nada. Muchas veces lo que hacen es proyectar su impotencia, desagrado y desgano.
–¿De qué modo debe encararse un proceso de construcción de civilización digital teniendo en cuenta esas brechas?
–Se tiene que encarar con un respeto a las nuevas formas de producción y difusión cultural, con aceptación. Esto no es un “viva la pepa”, un día alguien se levanta, entra a YouTube, baja un video y ya se convirtió en un creador. Hay un trabajo previo conceptual y sobre todo práctico, de manejar las herramientas. Y fundamentalmente tiene que ver con una especie de mirada sobre el futuro laboral y la demanda. Estamos acostumbrados a poner el énfasis en la oferta, ya sea curricular, del profesor universitario, de lo que tiene que saber alguien. Lo que estamos viendo es que la demanda, lo que la gente quiere saber y hacer, puede expresarse gracias a la enorme oferta diversificada y personalizada que hay en Internet.
–¿Y qué cosas está pidiendo la demanda?
–Está pidiendo nichos, especificidades, cosas a medida, entornos personalizados de aprendizaje. Uno no quiere más el Ford T. Ford decía: “Te vendo el coche del color que quieras, siempre que sea negro”. Y ahora todos se ríen y creen que los coches son de todos los colores. La educación es un Ford T. Todas las carreras y materias se parecen, los currículum son todos parecidos, lo mismo pasa con el periodismo, la publicidad. Todo está estandarizado, todo es masivo. Ahora lo que estamos viviendo es el paso de lo masivo a lo hecho a medida.
–Hay una idea muy arraigada de que las tecnologías vacían o estupidizan a las nuevas generaciones. Frente a ese mirada, ¿qué competencias o habilidades tienen los nativos digitales?
–No hay que idealizar a los nativos y tampoco demonizarlos. Las habilidades que tienen son las que vemos todo el tiempo: cómo conviven con los dispositivos, cómo pueden negociar con ellos sin necesidad de manuales. El problema es que eso no sirve mucho para la labor escolar. Tenemos una de las peores combinaciones posibles, ya que las actividades espontáneamente lúdicas que el chico desarrolla con la tecnología son demonizadas por la escuela, y las que la escuela valoriza no son atractivas para los chicos. Hay un discurso que te dice que apagues el celular, vuelvas a la edad media y después cuando termines el colegio no vas a conseguir trabajo. Con Google, Wikipedia y los celulares el contenido enciclopédico es inútil. Mundo en red
–¿Cómo se puede explicar y entender el crecimiento explosivo de las redes sociales como Facebook?
–Todo el mundo quiere tener un coche, porque implica una serie de ventajas. Después también aparecen los problemas, pero la gente anhela tenerlo porque es sinónimo de libertad individual de desplazamiento. Con las redes sociales pasa lo mismo. La gente se mete porque encontró un lugar donde pasa lo que le gusta: puede chatear, compartir experiencias, subir fotos. Tiene contraindicaciones, como cualquier medicamento. Puede venir la adicción, el narcisismo exacerbado, hasta una violación, como ocurrió hace poco. Eso sí. Nos horrorizamos por una violación entre 300 millones de personas conectadas en Facebook, pero en la vida real hay decenas de miles de violaciones y no se denuncian.
–¿Facebook está marcando un antes y un después, una nueva etapa evolutiva de la Web?
–Sí, Facebook pudo lograr que una cantidad enorme de usuarios que antes no estaban en Internet ni en la Web 2.0, ahora estén ahí. Lo que hizo fue vacunar, en el sentido de permitir el ingreso con una demanda cognitiva muy baja. Evidentemente, marca un antes y un después, al igual que Google, Twitter, YouTube, Skype.
–¿Qué viene después de las redes sociales?
–Es difícil contestar eso, porque siempre te equivocás. De repente, hoy Facebook es maravilloso y mañana se cae. Probablemente, lo que vengan ahora sean las redes sociales de nicho y el formato de noticias sociales, que tiene que ver con los medios, el posperiodismo y la crisis publicitaria en el papel y la Web. Sabemos que es una época fantástica y maravillosa, que la cultura y práctica digital ya no es algo de nicho. Tenemos 1.700 millones de personas en Internet y más de siete millones en Facebook. Es un gran momento.
–Por último, ¿qué piensa sobre el impuestazo tecnológico?
–Nosotros realmente vivimos fuera de la historia. Como siempre, la política está hecha a medida para alguna captación. Esto tiene que ver con no entender nada de lo que está pasando en el mundo. Nos vienen con un discurso ezquizofrenizante que dice: “Sí, sí nos interesa mucho tal cosa”, y después hacen algo en una dirección opuesta. Lo del impuestazo es una demostración de una retórica progresista y medidas que son nefastas. Piscitelli, en Córdoba El filósofo participará de las Primeras Jornadas Nacionales de Civilización Digital que tendrán lugar el próximo viernes y sábado. Para inscribirse y consultar el programa completo, visitar http://www.civilizaciondigital.com.ar/ .


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